¡MALDITO TABACO!
Muchas personas fumadoras piensan o pronuncian la frase del título cada vez que apagan la colilla del cigarro que se acaban de fumar. Entre ellas, cada vez son más quienes hablan abiertamente de su interés por dejarlo que del placer proporcionado por tal práctica. Desde la entrada en vigor de la llamada Ley antitabaco (Ley 28/2005) el 1 de enero de 2006, ha bajado en dos puntos el número de fumadores mayores de 18 años, situándose en el 23,7% de la población. Sin embargo, el 60,5% tiene la impresión de que pocos o casi ningún español han dejado el hábito. No hay datos, pero se siguen incorporando muchos jóvenes al tabaquismo por los mismos motivos de siempre.
La Ley antitabaco, aprobada por unanimidad de todas las fuerzas políticas representadas en el Parlamento español, deja a las Comunidades Autónomas la labor de la vigilancia de su cumplimiento, además de la competencia normativa para su desarrollo. Curiosamente, comunidades como la de Madrid, La Rioja, Valencia o Baleares, suavizaron en sus respectivos ámbitos dicha ley o no han elaborado aún el régimen sancionador. Con ello se ha creado en España una situación caótica que lamenta la UE. Las CC.AA. citadas no han tenido en cuenta que al tratarse de una Ley Básica no se puede modificar “a la baja”, pues aumenta la inseguridad jurídica de la ciudadanía en su tránsito por España.
El 76,3% de población no fumadora vimos con agrado el inicio de dicha ley, que abanderó la actual vicepresidenta económica, Elena Salgado, desde el ministerio de Sanidad. Sobre todo, conseguir que en los centros de trabajo no se fumase fue liberador para mucha gente. Pero, ¿se ha logrado en todos los trabajos? Claramente, no. Quizá sí en los centros oficiales o en las grandes empresas; sin embargo, no en las pequeñas, en donde si el jefe fuma los demás se callan las molestias. Otro tema a evaluar es la cantidad de horas de trabajo que se pierden por parte de los fumadores, obligados a salir a fumar, sin entrar ya en otras consideraciones de pérdida de salud, que ocasiona una mayor probabilidad de bajas médicas. Con la situación económica actual no sería raro que a la hora de hacer nuevas contrataciones el empresario prefiriera a un no fumador.
En cualquier caso, no se puede cumplir y mentir, como reza el dicho popular. Una auténtica Ley antitabaco dista mucho de la actual aplicación. Si queremos que España sea un ejemplo para sí misma y ante el resto de Europa tiene labor por delante la nueva ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez. Aunque el ministerio de Sanidad ya denunció en su día ante los Tribunales la situación creada en algunas Comunidades, ya es hora en primer lugar de armonizar la Ley en todo el territorio nacional y, en segundo lugar, de completar y ampliar su desarrollo. Nos va la salud en ello, por eso aquí no caben los abertzalismos a la contra.
Casimiro Pastor Millán 05 de mayo de 2.009


